lunes, 19 de diciembre de 2016

Educación y empleo, claves para reducir la desigualdad



-¿Es la desigualdad un problema?
-Cuando es baja y originada en decisiones individuales (dedicar más tiempo a educarse, trabajar más, emprender negocios arriesgados, pero rentables), la desigualdad no se considera un problema social e incluso es económicamente deseable: la existencia de cierto grado de desigualdad puede actuar como incentivo para que los individuos realicen actividades deseables para el crecimiento. Cuando es alta, crece en el tiempo y se origina en la falta de oportunidades de sectores amplios de la sociedad; la desigualdad es un problema grave, no sólo desde el punto de vista social, sino también desde el económico: estudios recientes confirman que la desigualdad alta y creciente afecta en forma negativa el potencial de crecimiento de los países a mediano y largo plazo.


-¿Es alta la desigualdad en el país?
-La desigualdad es baja si se compara con otros países de la región, pero es alta al comparar con países desarrollados. En 2014, la desigualdad en la distribución del ingreso era bastante más alta que en 32 de los 34 países de la OCDE (sólo más baja que en Chile y México). En cuanto a la evolución, en la primera década del siglo la desigualdad se redujo claramente en el país (la magnitud de la caída es difícil de precisar, dado la poca confiabilidad en los datos del Indec entre 2007 y 2015), siendo esa tendencia similar a la observada en gran parte de la región. Sin embargo, esas mejoras no siguieron al mismo ritmo en el lustro pasado. Aunque la información disponible no permite comparar entre 2015 y 2016, es muy probable que en el último año la desigualdad se haya incrementado en forma moderada.


-¿Cuáles son las opciones para reducir la desigualdad?
-Si se evalúa el ingreso de los hogares antes de impuestos y beneficios estatales, la desigualdad en el país presenta niveles similares a los de la OCDE. Lo que genera una diferencia importante en la desigualdad es que en esos países la acción redistributiva del Estado es mucho más eficiente que en la Argentina. Ello sugiere que mejorar la eficiencia redistributiva del Estado debe ser parte de la solución. Se requiere una discusión seria, en la medida en que no cualquier política que reduzca la desigualdad será necesariamente compatible con la promoción del crecimiento. Gran parte de los episodios de suba de la desigualdad en el mundo se explican por el efecto que tuvieron en los mercados laborales los cambios tecnológicos y la globalización, fuerzas que van a seguir actuando. En ese sentido, no sólo se necesita generar empleos, sino que deben ser de calidad. Es condición necesaria que la población, en particular la más postergada, acceda a educación de calidad y desarrolle habilidades adecuadas, requisito previo para ingresar a trabajos de calidad.

Economista e investigador del Cedlas


FUENTE: www.lanacion.com.ar